NUESTROS VINOS
Crear un vino en Anaia es, ante todo, un ejercicio de escucha. Nuestra filosofía nace en el viñedo, recorriendo Agrelo y entendiendo cómo el entorno moldea cada racimo. No buscamos intervenir, sino acompañar el proceso para que el vino llegue a la copa con su identidad intacta.
Cada línea es una forma distinta de interpretar ese origen. Un recorrido que va desde lo simple y espontáneo hasta lo más complejo y profundo, siempre con el concreto como aliado para preservar frescura, textura y expresión.
En Anaia no seguimos tendencias: buscamos autenticidad. Cada vino es una invitación a descubrir el carácter del lugar.
El punto de cosecha se define a partir de la observación sensorial, donde el criterio organoléptico guía cada decisión.
La cosecha y selección de la uva son completamente manuales, lo que nos permite trabajar por bloques y preservar la identidad de cada sector. El traslado se realiza en cajas de 16 a 18 kg para cuidar su calidad hasta la llegada a bodega.
Cada línea refleja distintos niveles de trabajo y dedicación del equipo en cada etapa del proceso.
El concreto es parte central de nuestra elaboración: su porosidad favorece la evolución natural del vino, aportando equilibrio, textura y una expresión marcada por la redondez y la mineralidad.








